La mínima expresión de síntomas (MSE) representa un objetivo clínico
relevante en la MGg. Sin embargo, alcanzar este estado no elimina
por completo el riesgo de progresión o recaída.
La verdadera estabilización de la enfermedad implica mantener el control clínico a largo plazo, minimizar el impacto de las exacerbaciones y preservar la autonomía del paciente en el tiempo.1
La verdadera estabilización de la enfermedad implica mantener el control clínico a largo plazo, minimizar el impacto de las exacerbaciones y preservar la autonomía del paciente en el tiempo.1
Las exacerbaciones, las crisis miasténicas
y las hospitalizaciones continúan
representando
algunos de los eventos con
mayor impacto
clínico para los pacientes con
MGg.2
Un nuevo análisis de práctica clínica real
evaluó el impacto de iniciar tratamientos
dirigidos durante los dos primeros años tras
el diagnóstico y su relación con la utilización
de recursos sanitarios y los eventos de
deterioro clínico.3
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